Eran las... 17:45. Estaba metida en la cama, sin tener una sola excusa para levantarme, cuando S me llama diciendo que el jefe le ha dejado tirado, que si me voy a tomar algo con él. Después de una parada en un centro comercial típico y aburrido me propone que ya es hora de que me lleve a "ese sitio vegetariano del que tanto te he hablado".

Ese sitio está en la calle Huertas número 57 (Madrid), se llama
"VIVA LA VIDA!" y quien espere encontrar un restaurante de mesa y mantel, puede ir olvidándose. Es un sitio con encanto, "chiquito" y colorido; donde los reyes de la lechuga pueden ver saciadas sus expectativas... y los novatos en este arte culinario, donde no se encuentran las grasas animales, podemos probar platos sin invertir tiempo en cocinarlos y sin saber
si esto a mi me va a convencer.
La cosa es sencilla: entras, coges una cajita de cartón, cubiertos y servilleta. Metes en la cajita la cantidad de comida que elijas, vas al mostrador, te lo pesan y te dicen cuánto les debes. Unos 100gr de comida equivalen a 2.10€. Sinceramente, para cenar está muy bien, porque sacias tu apetito y no te vas con una sensación pesada a la cama. Pero si vas a la hora de comer, a lo mejor te puede resultar un poco caro, porque tienes que coger más comida para terminar de saciarte. Después eliges entre comértelo en una pequeña barra que hay dentro, o te lo sacas a los bancos de la calle para disfrutar del sol y del buen tiempo.
Entre las cosas que probé estaba un tabulé exquisito y unas curiosas albóndigas con salsa mejicana. Las albóndigas estaban hechas de soja y otro vegetal que (gran error) ahora no recuerdo el nombre. Pero he de decir que al comerla estaba francamente buena y no eché de menos el regusto de la carne. Lo que no me gustó fue el pastel de berenjena (y eso que adoro a esta gordinflona de color morado). Me quedó por probar un guiso de setas que había, una ensalada de pasta y por supuesto, un montón de especias y semillas que te daban para elegir que yo no había visto en mi vida. ¡Ah! Y también probé la crepe que está hecha de "caviar" y otra de cebolla confitada con pimientos que estaba... uhmmmmmmmmm ¡para chuparse los dedos!
Mucha gente entraba y salía con la comida metida en bolsas, por lo que deduje que es típico eso de ir, pillar la comida y llevársela a casa. Vi mucha extranjera-mujer, mucha mujer-madura. S me comentó que sí que había observado (en sus múltiples viajes y tratos con gente extranjera) que había un alto porcentaje de mujeres-vegetarianas.
Dentro también se puede encontrar botes de comida ecológica, semillas, especias y camisetas con el logotipo del local, además de una decoración muy "cuca".
NOTA: también hay otro en la zona de La Latina (Costinilla de San Andrés, 16) más grande ;)